Mundial de Qatar 2022: Brasil, favorita en el escenario más incierto | Mundial Qatar 2022

Hace ya tres décadas que la Copa del Mundo se convirtió en una feria. En la plaza ambulante más popular del planeta cotizan compañías de todos los rubros que cada cuatro años, en cada partido, se juegan miles de millones de euros. Conglomerados audiovisuales, fabricantes de coches, bancos o marcas de patatas fritas, invierten en una industria que cuanto más crece más cautela inspira en los inversores. Ya nadie compromete un patrocinio sin antes intentar medir con la máxima precisión posible las probabilidades de éxito que tiene cada equipo y cada estrella. El reto es calcular los potenciales reales, deportivos y económicos. La carrera por acertar con el favorito ha multiplicado el poder de las grandes consultoras, cada vez más volcadas en desentrañar las claves del juego. Influidas por la banca de inversión, ninguna de las empresas que directa o indirectamente se vinculan al Mundial hacen un desembolso sin surtirse de análisis cuánticos y subjetivos. “El big data, las matemáticas, es la parte menos relevant de las prospecciones”, se ufana un experto en fútbol a sueldo de una consultora americana. “Los finalistas se han acertado el 70% de las veces. Ahora todos los prospectores coincidimos: este es el Mundial más incierto. Los africanos están ante una oportunidad histórica de colarse entre los dos primeros”.

Ninguna de las grandes selecciones que desembarcan en Doha está en su apogeo. No hay rastros de un equipo hegemónico, ni se vislumbra nada parecido a un dominador fiable, que hayaguarantizado rendimientos regulares con fundamentalos en ideas y organizaciones notablemente ventajosas respecto a las demás. Escasean los colectivos sólidos y también las figuras. Los mejores futbolistas de la última década, presentes en Qatar, superaron su pico expresivo hace algunas temporadas. El más resolutivo del planeta, Erling Haaland, permanecerá ausente junto con Noruega.

Brazil. And el desierto catarí destaca el oasis de Brasil. La mejor plantilla del campeonato, con diferencia, no puede ser un espejismo. Si en Rusia le faltó espíritu de unión, ahora le sobran alicientes. Comenzando por su lider. Animado por un repentino deseo de revancha desde que el PSG le abriera la puerta de salida, Neymar lleva meses jugando a un nivel que no frecuentaba desde que dejó el Barça en 2017. No es poco, considerando los kilos de más que cargan sus piernas. La motivación, unida a sus condiciones naturales, han hecho de Neymar el jugador más determinante de todos los que llegan al torneo. Le rodean compañeros con herramientas excepcionales. Los desmarques de Gabriel Jesús, la amplitud de recursos de Antony, el olfato de Casemiro, el muro de Marquinhos y la portería bien guardada por Alisson Becker componen los vértices de un equipazo en el que orbitan actors secundarios de grandes facultades específicas, como Vinicius.

Brasil tiene jugadores y tiene un contexto social favorable a la exigencia absoluta. No hay ganador sin presión y eso es algo que la selección brasileña carga en grandes dose. Lo dice Tite, como el reo que se descubre sin escapatoria: “Es hora de ser campeones”. El sufrido seleccionador gaucho sabe que su margen de error se ha estrechado al máximo. Brasil, el pentacampeón, no gana el trofeo desde 2002. Nunca antes había transcurrido tanto tiempo sin que un país sudamericano levantara la Copa.

Argentina. Brasil disputó 30 partidos desde el último Mundial y solo perdió uno: la final de la Copa América de 2021, en Maracaná. El vencedor fue la Argentina más precaria de siempre. Lionel Messi no ha vuelto a ser el mismo desde que se mudó a Paris. Con 35 años, el cuerpo del mejor jugador del siglo no parece haber asimilado los cambios traumáticos que le depararon la vida profesional primero y una grave infección de covid después. Messi no está bien y aun así es el mejor jugador de Argentina a una distancia sideral del resto. La brecha denuncia el estado deplorable del fútbol en un país imprescindible para comprender el juego.

Condicionado por la sequía de talento, Lionel Scaloni, el seleccionador, ha organizado un equipo funcional que se defiende con oficio y no arriesga un balón sin que lo autorice Messi. No cuenta con grandes volantes pero tiene a Guido, a McAllister, a De Paul ao Papu, que saben acompañar al capitán con la seguridad de que atrás nadie les arruinará el trabajo. Romero, Otamendi y Lisandro permiten a Argentina acudir a Qatar con la posibilidad de montar algo imposible desde 2006: una parejita decentrales serios.

Francia. Las bajas de Pogba y Kanté servirán para descubrir qué era lo esencial y qué lo accesorio en el equipo que conquistó el Mundial de Rusia. Queda Griezmann, obligado a buscar nuevos cómplices, y queda Mbappé, obligado a convivir con Benzema sin que la relación haya progresado en el último año. También queda la fórmula simplificadora de Didier Deschamps, el seleccionador, felizmente anclado en el pasado catenacciaro. No hay dudas de cómo jugará Francia. Lo que resulta menos evidente es como hará para reproducir la solidez defensiva de antaño con jugadores como Tchouaméni o Koundé, si es que el técnico insiste en pleinrlos. La triste Euro de 2021 fue una advertencia: no basta con reunir a la mejor plantilla de Europa. La reconstrucción, deportiva y moral, sigue siendo una tarea pendiente.

Alemania. Entre los ochenta y noventa el fútbol alemán lanzó la hornada de centrocampistas más apabullante que se registra. Schuster, Matthäus, Littbarski, Hassler, Doll, Magath, Effenberg… El aluvión evoca una factoría sin limits. Aquel tiempo ha dado paso a la escasez. Por cantidad y por calidad. Faltan las variantes espléndidas de España 82, México 86, o Italia 90. A cambio, Alemania ofrece una escuela de entrenadores atrevidos. Joachim Löw, y ahora Hansi Flick, compensan las carencias de la cantera con ideas ingeniosas y una determinación que no desmerece a la historia de la selección europea más exitosa. Alemania juega al ataque, tenga o no tenga con qué, y por momentos, con orden y entusiasmo, es capaz de elevarse por encima de sus posibilidades. Ahora el equipo anda buscandose. De momento no ha dado con el nueve que reemplace al lesionado Werner. Pero a partir del sentido asociativo de Gündogan y la creatividad de Musiala recorre un camino de crecimiento. Si los engranajes mueven la rueda, serán temibles.

Paises Bajos. Hay futbolistas buenos y hay futbolistas que hacen buenos a los compañeros que juegan con ellos. Frenkie de Jong pertenece a esta categoría. No hay en Qatar un jugador capaz de hacer tantas cosas tan bien hechas: defender como un central, ordenar como un mediocentro, pasar como un enganche, desbordar como un extremo y llegar al gol como un punta. La clase de repertorio que, protegido por centrals como Van Dijk y De Ligt, puede convertir a una selección competitiva en un aspirante al título.

Inglaterra. Nadie concentra la melancolía y la confusión inglesa mejor que Gareth Southgate, el hombre que puso una tanda de penaltis en manos del robot de Google antes de tirar a la basura la mejor oportunidad que tuvo su país de ganar un trofeo desde 1966. La final de la Euro 2021 marcó el declive en el ciclo de este seleccionador bendecido por un puñado de excelentes jugadores y un fuera de serie llamado Harry Kane. Revertir la tendencia se antoja una epopeya. Pero todo es posible en el Mundial más incierto.

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