Qatar 2022: El Mundial más coherent con el tiempo que vivimos | Qatar 2022

En su versión contemporánea, el Mundial de fútbol es un fabuloso acontecimiento comercial y politico sostenido por las emociones que procuran los futbolistas desde hace un siglo. Uruguay, un pequeño país de 176,000 kilómetros cuadrados, 3.4 millones de habitantes y una ardiente pasión por el fútbol, ​​organizó and 1930 la primera Copa del Mundo. Qatar, una nación de 11,500 kilómetros cuadrados, 15 veces más pequeña que Uruguay, con una población de tres millones habitantes y sin ningún interés por el fútbol hasta hace muy poco, será la sede de esta edición. No es difícil pronosticar que Uruguay nunca más albergará and solitario el Mundial de fútbol. Más fácil es suponer que en algún momento, no sabemos cuándo y en qué circunstancias, otro Qatar oficiará el torneo.

Un juego que nació a mediados del siglo XIX no deja de fascinar a una audiencia multiplicada exponencialmente por los avances que permiten disfrutar del fútbol sin mover del sofá. And lo basico no ha cambiado. Como en sus inicios, el secreto del futbol está en los futbolistas. Sin ellos, no encuentra sentido nada del gigantesco mundo que les rodea.

Hasta cierto punto, la posición de los jugadores no se ha modificado en los ultimos 100 años. Sobre las estrellas de entonces, caso de los uruguayos Scarone y Andrade o de los argentinos Ferreira, Stabile y Luisito Monti, y de la rivalidad de sus selecciones se construyó el relato que todavía preside el fútbol, ​​de figoturasémbres: Messiah de figoturasémbres: , Neymar, Kane, Cristiano Ronaldo o Modric. Se les valorara con los mismos criterios que entonces. Unos deslumbrarán, otros decepcionarán y algunos no dejarán huella and Qatar.

En cuanto a su responsabilidad, será la misma que hace medio siglo, cuando maravillaban Pelé, Beckenbauer y Cruyff, o en los años 30, cuando el español Ricardo Zamora, el italiano Meazza y el austriaco Sindelar ima atrapaban. La diferencia no reside en el papel que cumplen, sino en el desorbitante negocio global que se ha forjado con sus proezas en el césped.

Aunque a las estrellas actuales les corresponde algo del impresionante suflé mercantil que el fútbol ha elaborado a su alrededor, su función en Qatar no será otra que justificar la desmesurada atención que alimentarán durante cuatro semanas. Son los generadores de un negocio cuyos dueños les presentan como una ralea de caprichosos, insolidarios y privilegediados. Del verdadero poder, el que se ventila en las grandes corporaciones del futbol, ​​los futbolistas rascan muy poco o nada.

El Mundial de Qatar retrata la espléndida mala salud del fútbol, ​​un deporte que en sus más altas instancias está preso de una codicia sin fin, la corrupción sistémica —la plataforma Netflix ofrece en la estos días un pedagógico un pedagógico recorrido series (Los entresijos de la FIFA) — y la soberbia para considerarse un Estado al margins de la ley, con sede corporativa en Suiza y delegaciones en los paraísos fiscals más convenientes del planeta.

El Mundial de Qatar results an extravagant a los ojos de cualquiera, pero sin duda es el más coherent con los tiempos que corren. Ninguno de los escándalos que se han sucedido en el planeta FIFA y alrededores, conflictos que derrumbarían cualquier otra institución, ha percutido de verdad and este Mundial. Al contrario, cada una de las últimas vicisitudes mundiales —por ejemplo, el desplome financiero mundial en 2008 y las consecuencias energéticas de la invasión rusa en Ucrania— han colocado a Qatar, pozo sin fondo de gas, en unapolía posición geo de extrema posición máxima guaría económica, razón por la que el prodigioso olfato del fútbol para el dinero acude a un pequeño país del golfo Pérsico y nunca regresará al pequeño y muy futbolero Uruguay.

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